Solicitud de refugio de Lucía Morett al gobierno de Ecuador

Publicamos a continuación la solicitud de refugio que envió nuestra amiga y compañera Lucía Andrea Morett Álvarez, al Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador.

Hospital Militar, Quito, Ecuador a 26 de marzo de 2008.

Señor Director General de la Oficina de Refugios del Ministerio de Relaciones Exteriores
PRESENTE

Distinguido señor:

Por este medio, yo, Lucía Andrea Morett Álvarez, de nacionalidad mexicana con Clave Única de Registro de Población (CURP) MOAL810524MDFRLCO1 y documento de certificación de nacionalidad expedido por la Sección Consular de la Embajada de México en Ecuador con número ECU-04/2008 (del que le anexo copia), me permito exponer ante usted lo siguiente:

El día 31 de enero del presente año llegué por primera vez a Ecuador, ingresé de manera legal en un vuelo de la compañía aérea COPA, acompañada por cuatro amigos también de nacionalidad mexicana, egresados todos de instituciones públicas de enseñanza superior de México, vinculados al área de Estudios Latinoamericanos. Los motivos de nuestra visita al conocer este país eran diversos: combinar el turismo con la asistencia al Congreso Bolivariano que se desarrolló a finales de febrero pasado en la ciudad de Quito y avanzar en distintos aspectos relacionados con nuestras tesis profesionales.

Estuvimos en Quito conociendo su centro histórico, paseándonos por la mitad del mundo, visitando algunas universidades, donde tuvimos la oportunidad de conversar con estudiantes y profesores y a través de ellos aprender algo sobre la realidad y los cambios que se están viviendo en Ecuador y en esta región de América Latina. Del 22 al 27 de febrero asistimos con mucho interés al Seminario del Pensamiento Bolivariano y al Segundo Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana. Durante estas actividades, a uno de mis compañeros se le planteó la posibilidad de desplazarnos dentro del propio país a un campamento de las FARC, nos dijeron que era un sitio donde se estaba trabajando por la paz. Nos animó el pensar que allí podríamos tener importantes elementos para enriquecer nuestras investigaciones sobre los procesos sociales en América Latina.

Con ese objetivo nos desplazamos el día 28 por la noche hacia la ciudad de Lago Agrio. Al día siguiente nos abordó una persona que nos condujo hasta el campamento. Llegamos a ese lugar alrededor de las 5:30 o 6:00 de la tarde. Allí sólo entramos en contacto con unas cuantas personas que nos dieron de cenar y que nos condujeron al lugar que nos destinaron para dormir, ellos nos dijeron que al día siguiente temprano podríamos conversar con personas que podrían ayudarnos en nuestras inquietudes académicas.

Esa misma noche aproximadamente a las 0:00 horas me despertó el enorme ruido de las bombas y el impacto de éstas en el suelo que hizo temblar la tierra; de inmediato sentí que caían y saltaban muchas cosas a mi lado. Junto a todo eso se escuchaban los aviones desde donde se nos arrojaban las bombas con toda la intención de matarnos. De inmediato me sentí herida en las piernas y el glúteo derecho, por lo cual me fue imposible correr o huir.

Herida y oyendo a gente que se quejaba y gritaba permanecí muy asustada y sin moverme varias horas. Como a las 3 a.m. hubo otro bombardeo, yo sólo decía más bombas no, más bombas no, por favor, así sobreviví con el miedo más fuerte que he tenido en mi vida, escuchando como otros se quejaban. Terminado ese bombardeo llegaron con helicópteros desde el que disparaban, y más tarde por tierra llegaron soldados que después me dijeron eran colombianos, ellos continuaron disparando y contando muertos. Alguno de ellos me encontró y dijo “allí hay una hembra”, yo les pedí que no me mataran, pues se acercaron apuntándome con tres armas largas. Algunos alumbraban a distintas partes del campamento y seguían disparando.

Les dije a los que me hallaron que estaba herida y que me ayudaran. Me empezaron a dar los primeros auxilios diciéndome que me estaban quitando algunas esquirlas (yo no sabía qué era eso), y mientras lo hacían me amenazaban y me interrogaban sobre quién era yo y qué hacía allí. Yo les dije que era civil y que había llegado esa noche, pero ellos no me creyeron; así pasó un rato, me curaban pero al mismo tiempo lo hacían con una actitud muy agresiva. Pasadas unas horas llegó la policía colombiana y continuó interrogándome sobre lo mismo. Todo el tiempo me amenazaban diciéndome que si no cooperaba me matarían. Me cambiaron de ropa y al hacerlo se burlaban de mi y proferían comentarios obscenos, diciéndome que seguramente mis partes íntimas les gustarían a algunos de sus oficiales, lo que incrementaba mi miedo.

Del lugar donde me hallaron me trasladaron a otro sitio diciéndome que me llevarían con los heridos, pero allí sólo había únicamente otra herida, los demás eran muertos y todo olía a quemado. Pasaron varias horas y no me dejaban en paz, ni siquiera me permitían descansar ya que continuaban amenazándome y hostigándome. Dijeron que nos llevarían a Bogotá a la cárcel y que allí nos iría muy mal.

Cerca de las 3 p.m., la policía colombiana agarró algunas cosas del campamento que la gente de su ejército no se había llevado antes, tomaron también sus mochilas dejándonos abandonadas. Yo les pedí todavía que me inyectaran algo pues ya no aguantaba el dolor, pero no me hicieron caso y se fueron rápidamente abandonándonos a nuestra suerte y diciendo que los ecuatorianos estaban bravos porque ellos estaban allí.

Como pude me puse de rodillas y agité una camiseta blanca para que desde los helicópteros que se acercaran nos vieran. Un par de horas más tarde llegaron por tierra soldados que se identificaron como del ejército ecuatoriano, ellos en una actitud totalmente diferente curaron mis heridas y me dieron agua. Nos explicaron que por la hora era imposible sacarnos de allí ese día, que pasarían la noche con nosotras y que al día siguiente nos trasladarían a un hospital. Durante toda la noche estuvieron cuidándome y calmando mi miedo, ya que yo estaba muy asustada pensando que de nueva cuenta con la oscuridad podrían venir a matarnos. Seguí aterrada pues se escucharon helicópteros y más disparos.

A la mañana siguiente improvisaron unas camillas y nos sacaron hasta un sitio donde pudieron llegar los helicópteros. Nos llevaron hasta Lago Agrio, donde en un policlínico revisaron y curaron mis heridas. De ahí me trajeron en un avión a Quito y en ambulancia al hospital militar donde he recibido una atención muy profesional con todos los cuidados médicos y humanitarios que me permitieron conservar mi vida y estar en un proceso de recuperación.

Debido a todo esto que viví, a lo que sé y a las declaraciones que como testigo he dado tanto a las autoridades ecuatorianas y a los medios de comunicación; que sé claramente que muchas de las acciones de las que soy víctima y por las que perdieron la vida cuatro de mis amigos, constituyen flagrantes delitos cometidos con premeditación, alevosía y ventaja y que fueron realizados por un Estado en territorio de otro país causando muchas muertes y afectando los más elementales derechos humanos; debido también a las difamaciones, mentiras y calumnias que de manera dolosa se han hecho de mi, sobre todo en Colombia y México, donde me acusan de un sin número de cosas que van desde ser cabecilla de un grupo armado y ser guerrillera, hasta tener vínculos con el narcotráfico, pretendiendo criminalizarme para evadir sus responsabilidades, temo por mi vida y por mi seguridad, por lo que solicito a usted me conceda el refugio político en su país en tanto encuentro el sitio en el que encuentre las mayores garantías para seguir viviendo.

Pido a usted que los gestos humanitarios y el trato de víctima que he recibido aquí continúen desarrollándose a través de la solicitud que le hago.

Muchas gracias por su comprensión y apoyo.

Atentamente.

Lucía Andrea Morett Álvarez

Hasta aquí la carta, sobra decir que nosotros estamos trabajando para que ese sitio en el cual ella encuentre las garantías para seguir con su vida sea México, donde hay un monton de gente que la apoyamos y la queremos.

1 Comentario »

  1. Me parece muy triste que alguien en las condiciones de Lucia Morett no pueda estar segura en su patria, pues son los medios de este país quienes más la han atacado, me siento verdaderamente decepcionada de los medios de comunicación de nuestro país, no apoyan a nuestra gente por el contrario se ensañan, como diria mia abuela “quieren hacer leña del árbol caído” sin importar las consecuencias, sacan supuestos videos donde aparece esta chica, y que las personas con un poco de criterio (aunque no la conozcamos personalmente) como es mi caso es evidente que no se trata de ella, que pena de verdad que no te sientas segura en la que debería ser tu casa. Saludos.

    Comment by Anónimo — April 2, 2008 @ 11:49 pm




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